Arsenio Mayo |
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UNA MIRADA ATRÁS CARTA DE UN SER HUMANO LA DENUNCIA Los hechos - La exposición - La denuncia - La reclamación - El epílogo |
Currículum vitae
2.006 Tras un tropiezo de casi año y medio, monto en solitario un centro rebelde de comunicación y acción: "aire" Emisora de radio a través de Internet.2.004 Comienza a recopilar información para el documental "LA BASURA HECHA EMPLEO"
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Textos que identifican la persona y razonan los proyectos
Una mirada atrás Supongo que lo apropiado debiera ser empezar por el principio. En fin... Antes de nacer ya estaba metido en líos, y ésta ha sido la línea de toda mi vida, al menos así es hasta el día de hoy. Mi padre y mi madre me engendraron en medio de todo aquel jaleo que se montó en Mayo de 68, en aquel viejo Paris, y a finales de Enero del 69, antes de salir de cuentas, ya empecé a dar problemas por mí mismo, la verdad es que no sabía si quería nacer o no, pero el que sí tenía las ideas claras en ese momento, era el doctor, que cogiendo unos fórceps que tenía a mano para tales ocasiones, y sin previo aviso, me nació en contra de mi voluntad. Y allí me encontraba yo; llorando, y preguntándome qué era todo aquello, un lugar extraño, y bastante tétrico, un lugar que nunca antes había visto, ni siquiera en mis más espantosas pesadillas. Supongo que después de ese mal trago, y durante algún tiempo, viví la vida como un niño normal, que nació en el exilio; rodeado de españoles, en aquella nación francesa. Una vez que Franco estaba en la lista de los que han de fallecer por si mismos, mis padres decidieron volver a su tierra, y de este modo me encontré nuevamente sin entender nada de nada, viajando en sucios trenes que iban hacia el sur, y durmiendo en algún que otro banco cercano al andén. Eso sí, sin soltar en ningún instante mi pequeña maleta de mimbre, en la que llevaba mis pequeños juguetes, ya que si tenía que regresar a España, estaba decidido que no podía emprender aquella aventura sin mis juguetes, con los que había pasado tatas horas de diversión; y para conseguirlo, estaba dispuesto a montar todo el espectáculo que fuera necesario, hasta que se me concediera el permiso; incluso, estaba dispuesto a cargar con ellos los tres días que duraba el viaje, tal y como así fue. Llegue a la vieja Zamora, una de las ciudades más grandes de España, aunque prácticamente despoblada, pero con muuuucha historia. Ufff... (Su bandera es una de las más antiguas del mundo, se remonta a finales de la era Romana, cuando se llamaba Ocellum Durii –Ojos del Duero- Y los visigodos ya la llamaban Semuret –Viejos Muros- Aunque su nombre actual se lo pusieron los árabes Çamora Sentica –Mina de Esmeraldas-) En fin... La cuestión es que el día era gris, no recuerdo muy bien el mes, tal vez fuera Octubre, de lo que sí estoy seguro es que aquí la vida se me complicó mucho: Los alumnos que me tocaron de compañeros, no aceptaron que aquel niño que se había incorporado tarde al curso escolar, tuviera un acento distinto, y decidieron que yo debía ser el destino de sus puños, sí sí, he dicho bien, de sus puños, con 5 o 6 años los niños saben pegar, y cuando lo hacen en grupo, llegan a traspasar los límites de una forma asombrosa. Fui llevando aquello como pude, y entendí que nunca se debe usar la fuerza para conseguir nada, ningún objetivo es lo suficientemente valioso, si hay que derramar una sola gota de sangre; -Eso llegué a comprenderlo bien- Quizá por ello, se me atragantaba la sola idea de vestir de verde, cuando se acercaba la hora de coger un fusil para ir al ejercito; en donde según las gentes me harían todo un hombre. Por mi parte llegué a la conclusión, que si debía ser un hombre, eso sería una cuestión que no tendría nada que ver, con aprender a matar. Creía firmemente, por mucho que algunos me discutían, que con una pistola sólo se puede matar; por ello escogí la pluma, que en definitiva es más poderosa que la bala, pero no derrama sangre, a menos claro está, que lo que se firme no sea una sentencia de muerte. Y aquí es cuando de verdad comencé a andar mi camino: Me importaba tanto no incorporarme a filas, que me junté con otro puñado de locos con mis mismas intenciones, que tampoco tenían muchas ilusiones por pertenecer al cuerpo militar, y desde aquella pequeña ciudad, formé parte de un movimiento nacional, en contra de la obligación a ingresar en el ejercito; y me impliqué de tal modo en este movimiento, que antes de cumplir los 18 ya me seguía la secreta. En alguna ocasión, mientras iba camino al instituto, me tiraron contra pared para cachearme, en otra, varios furgones se paraban delante de mí, con el único propósito de pedirme la documentación, aunque sabían perfectamente quien era. O al término de las reuniones que teníamos todos aquellos antipatriotas, en las que estábamos no más de 8 o 9 personas, nos esperaban a la salida 3 o 4 de estos furgones, 15 o 20 Nacionales, donde alguno de ellos hacía fotografías de muy cerca, supongo que todo aquello estaba dirigido a intimidarnos. En fin... Tengo que admitir pasado el tiempo, que lograron al menos el objetivo de la maniobra: "Acojone del desierto" aquel despliegue desproporcionado de medios represores, y toda la fama que precedía en aquellos tiempos a los de uniforme, provocaron junto con mi corta edad, que inevitablemente me templaran las rodillas; pero de ningún modo consiguieron, que diéramos un solo paso atrás. Unos pocos abogaban por la insumisión, pero esta vía no me parecía acertada, porque se basaba en un fanatismo que no seguirían muchas personas, y por esto mismo sería sin duda una vía ineficaz; por otro lado teníamos la objeción de conciencia, que todavía era tan ilegal como la insumisión, pero se veía claramente que tarde o temprano sería admitida como una opción legal. Al poco tiempo esto se logró, de forma que inicialmente se concedía con grandes restricciones, sólo a Testigos de Jehová o similares; poco tiempo después, sólo se exigía que hicieras un escrito, explicando las razones que te impulsaban a objetar al Servicio Militar, razones que valoraría un tribunal, que aunque nadie sabía a ciencia cierta quien lo componía, era el encargado de darte o no la objeción solicitada; cuestión completamente anticonstitucional, puesto que en alguna parte de nuestra Constitución Española, se lee claramente que nadie tiene la obligación a declarar sobre su ideología, y en ningún apartado matiza que los objetores de conciencia al ejercito, sí debían hacerlo; con tal artículo constitucional se consiguió que esta condición, se le concediera a todo aquel que la solicitaba, sólo por el mero hecho de ser solicitada. Por último, cuando los objetores llegaban a los ayuntamientos, a los colegios, a todos las distintas entidades colaboradoras que admitían objetores, se promovió que dieran la lata, y que denunciaran todo lo que veían, basándose por ejemplo; en el principio que ningún objetor podía quitar un puesto de trabajo. Recuerdo que en cierta ocasión la UGT de Zamora, pretendió que los objetores que tenían prestando servicio en su organización, les pintaran la fachada de su sede, lógicamente aquello no se podía consentir de ninguna fonma. Aparte de todo este caos que le organizábamos a los organismos públicos, se prepararon de forma paralela numerosas tapaderas, asociaciones como en la que yo presté mi servicio: CIDAO, (Centro de Investigación y Desarrollo de Actividades para el Ocio, casi na...) en la que obviamente nadie tenía que hacer absolutamente nada, e incluso, en ocasiones algunas personas ni siquiera estaban en el territorio nacional. De este modo vieron otros muchos que la tediosa mili, podía ser saltada sin correr ningún riesgo, y ese fue el éxito, nadie, o casi nadie; bueno... quizá en aquel tiempo aquellos cuatro locos, pero por lo demás, nadie quiere ser crucificado, ni siquiera apaleado, por ello el éxito llegó gracias a que utilizamos hábilmente nuestras mentes, para acabar siendo cientos de miles; hasta que un día, el patético Aznar salió en la televisión, anunciando que había decidido terminar con el Servicio Militar Obligatorio, aquello en principio me sentó como una puñalada trapera, porque aquel tipo se estaba adueñando de algo que no le pertenecía, algo que era nuestro, algo a lo que se vio obligado, debido a la cantidad de expedientes de reclamación, a las numerosas inspecciones que el estado forzosamente tenía que atender. Tal circo se había montado, que costaba más mantener todo aquel tinglado, que ceder de una vez por todas. Por ello: Este derecho, el de no coger un fusil si no quieres, es patrimonio en primera instancia de cuatro locos, y luego, un avance del pueblo. Naturalmente, pasado un mes, o quizá dos, me alegré mucho. Aunque admito que todavía el trabajo está incompleto, porque al ejercito; me refiero a la tropa, no a los cargos de oficial, sino al puesto de soldado, sólo van los pobres. La gente que el Estado califica de meros peones, y que su pérdida en una lucha de poder, carece completamente de toda importancia. Esta, debiera ser la siguiente lucha; que la tropa sea nutrida por los hijos de los banqueros, de los políticos, y demás gentes de mal vivir; estoy seguro que si somos capaces de conseguir esto, nunca habrá más guerras. Ojalá seamos capaces de conseguirlo pronto, porque lograr ir alguna vez a la Luna, no será tan importante, como conseguir la paz en el mundo. Entre tanto, también estaba en rebeldía con las instituciones de enseñanza, por lo que refundé la Federación de Asociaciones de Alumnos de Centros Públicos de la Provincia de Zamora, y como presidente estuve algunos años, en los que me recorrí toda la provincia, informando a los estudiantes de sus derechos, y me encontré con un escenario patético; había tantas carencias, que me resultaba triste. Me acuerdo que en una de estas visitas, concretamente al Instituto concertado de Muga; le pregunté al director de aquel centro: ¿Dónde está el departamento de orientación? La respuesta: ¿Para qué quieres aquí eso? Estos lo único que quieren es acabar esto..., su futuro son las vacas y las cabras. Para qué más palabras. Eso sí, ese director tuvo que poner en funcionamiento este servicio al alumno, o se quedaba sin pasta del estado, al menos deseo que alguno de aquellos chicos fueran debidamente informados, y cambiara así el destino que otros les habían marcado. Mi carrera de rebelde continuó con la participación en alguna que otra ocupación, incluyendo un cuartel militar que hacía años estaba cerrado, y allí se asentó un desarrollo cultural importante, como nunca se recordaba en aquella pequeña ciudad limítrofe con Portugal; en donde se organizaban diversas actividades, desde grupos de alpinismo, hasta teatrales, y desde clases de manualidades, a tiro con arco; y sobre todo, en los casi cuatro años que duro aquella ocupación, aprendí a dirigir a muchas personas, con ideas dispares, pero aún así, se consiguió una buena convivencia, y un trabajo común en las labores de organización, limpieza, y reparación de aquel edificio ocupado. En esta ocasión ya no era uno más del grupo, sino que me convertí en lo que se podía denominar "El cabecilla" Conseguí que me hicieran caso, y de alguna forma me siento orgulloso, porque es sencillo que si tú le pagas un sueldo a alguien, éste tiene la obligación de obedecerte, por lo que me enorgullece tremendamente, que todas aquellas personas que allí estaban, aceptaban mi palabra, no por la obligación del criado, sino por el liderazgo que me había ganado. Era sin duda algo muy bonito, no sé si será vanidad, o quizá sea ese sentido del poder por el que algunos venden su alma, pero que tanta gente te obedezca sin nada a cambio, es una sensación impresionante. Por otro lado creo haber aprendido a dominar ese sentido de liderazgo; nunca pedí a nadie, nada que no me hubieran visto hacer antes a mí, y desde luego, nunca pedí nada que no me pudieran dar con facilidad; ya que he visto como grandes mentes, han sido abandonados en el momento en el que empezaban a pedir imposibles; nunca el 110%, eso es inconsciente, ni siquiera el 100%, ni tan siquiera el 70%, que cada cual aporte lo que tenga y quiera, de este modo se acercarán muchos: El 1% de miles, te da el apoyo de toda una multitud. Otro gran pilar es la constancia: Que siempre te vean hacer lo mismo que dices, si tu le pides a alguien que te dé algo, y ve como tú en algún momento no lo aportas, entonces no te seguirá. Ese dicho de la iglesia: “Haz lo que digo, y no lo que hago” ya no sirve, y la gente está cansada de tantas palabras vacías, y de tantas mentiras interesadas. Lo siguiente fue una lucha individual, que terminó en fracaso, supongo que aún así debo contarlo, creo que ser uno de aquellos locos dueños del fin del servicio militar, y colaborar en transformar un viejo caserón militar en facultades, son grandes logros, y un fracaso no empañará en absoluto lo conseguido anteriormente. Esto fue...: Un día que me cansé. Bueno... creo que más bien exploté; harto de pedir al Ayuntamiento, y a las distintas instituciones públicas, ayudas para la realización de actividades culturales; quizá negadas por ser yo un rebelde con fuerza y talento, quizá por ser ellos del PP. De cualquier forma, y de manera reiterada, me negaban constantemente las ayudas públicas, que sí le concedían a otros.. El detonante fue cuando un día me encontré con el concejal de cultura del Ayuntamiento de Zamora, que después de exponerle que el mismísimo Paco Rabal me había confirmado, que iba a participar en un cortometraje que yo mismo iba a producir y dirigir, me dijo sin ningún rasgo de emoción, de ningún tipo: “Rodar un cortometraje no es de interés cultural” ¡Qué barbaridad! Me acuerdo perfectamente de ese día; la Plaza Mayor estaba espléndida, y el sol brillaba con fuerza, y allí mismo pocos días después de haber recibido la llamada de Paco Rabal, me encontré con aquel insulso concejal de cultura; llamado Pedro Roda, al que le comuniqué la buena nueva, esperando que se alegrara, y que me dijera: “Muy bien chaval: Dime que te hace falta” Pues no, me dijo aquella falta de respeto a todo, y tras darme una palmadita en la espalda, me dejó con cara de gilipollas, y continuó su camino junto al director del Teatro Principal. Todavía hoy recuerdo aquella sensación, en la que el tiempo se detuvo durante unos cuantos segundos, luego apareció la rabia, y al lunes siguiente me presenté enfrente de aquél ayuntamiento con mi furgoneta, en la que me subí para leer una manifiesto, y era tanta la rabia, que aquello lo hice todos los lunes a partir de aquel día, siempre a la misma hora de su reunión semanal, y durante todo un año. Por un lado debo reconocer que esto les reventaba, pero por otro no hacían nada de nada, excepto que la Policía Municipal me incordiaba de vez en cuando, no sé si por propia iniciativa, o por sugerencia de algún político, por lo demás no hubo grandes dificultades; hasta que una 20 de Noviembre de 2000, cansados de aquel toca huevos, ordenaron que me detuvieran y me llevaran esposado al cuartelillo; eso sí, en cuanto me soltaron, volví, y termine de leer el panfleto en el punto en el que me habían cortado, y al lunes siguiente, allí estaba a la hora de siempre, en el mismo lugar de costumbre; aunque a partir de ese día lo hice sin furgoneta, subiéndome en una pequeña mesa de escuela. Esto duró todo un año, un año en el que llegaba siempre sólo, (Porque no quería que nadie se quemara conmigo) pero en prácticamente todas las ocasiones, detenían su caminar numerosas personas, y se unía de forma improvisada para dar ellos también, alguna que otra voz. Digo que esto fue un fracaso, porque no se consiguió nada, eso sí, yo rodé mi cortometraje, aunque con muchas dificultades en las tomas de calle, pero era tal el apoyo popular, -Vamos..., digo del pueblo, no del Partido Popular- que no pudieron evitarlo. Incluso la asociación de vecinos del barrio en donde se rodaban los exteriores, con su presidenta a la cabeza, estuvieron en todo momento vigilantes para que la Policía Municipal no lo impidiera. De todos modos, me di cuenta que en aquella pequeña ciudad de provincias, donde los señores feudales tienen todo el poder, no podría seguir creciendo, así que busque nueva sede para la revolución; y claro..., Madrid, este era el sitio. Hoy creo que Zamora fue mi entrenamiento, y Madrid mi destino; no lo digo en sentido místico, sino que este era el lugar a donde tenía que acabar llegando, y cuando estuviera aquí, debía estar preparado. Bueno... hubo..., una especie de calentamiento en la asociación Culturas Unidas, pero esta asociación está total y completamente corrompida, los dineros desaparecen de una forma asombrosa, y las subvenciones que se reciben, prácticamente nunca van al destino para el cual se pidieron, y esto es algo que no se puede consentir, por eso no podía pertenecer a una entidad de esas características; y en algún momento, antes de que se acabe el año 2006, debo denunciar todas las corruptelas de las que tengo conocimiento, para que no queden impunes las estafas que hacen de forma continuada, y debo hacerlo de modo que esto sirva de ejemplo, para que todos los otros que sé que lo hacen, cambien su actitud. Eso sí, este año y medio me ha servido para conocer la ciudad, ahora estoy listo para la siguiente aventura. |
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Carta de un ser humano ![]() Paredón de Auschwitz, donde se fusilarón a cientos de personas. ¿Por qué no aprendemos? Hola, aquí un ser humano Aquí estoy el 13 de Marzo de 2004, aproximadamente a las 11 de la noche, en el interior de mi furgoneta, aparcada en una calle de este dolorido Madrid. Tumbado en una colchoneta que yo mismo he hecho, sobre la que una vez terminada esta carta, trataré de dormir. Mañana tengo un largo día, pero hoy a la luz de una vela quiero dejar escrito, un trozo de mi alma. Hay algo que me duele, y creo que la única morfina posible para mí, será sacar cada una de las espinas clavadas, a la vez que os hago partícipes de mi dolor; y perdonarme si en algún momento os hago llorar un poco, pero quizás sea necesario hacerlo de vez en cuando. Aunque quizá esto a ti no te hará sentir nada, porque tus ojos ya han curtido los sentidos; todo lo visto se repite, y doma de este modo cualquier rasgo de dolor que tu rostro pudiera reflejar. Sólo deseo que al menos te haga pensar, y obres en consecuencia. El 11 de Marzo muchos son los que nos dejaron, y ese mismo fatídico día, éste que os escribe presentó la solicitud de empadronamiento en esta ciudad. Yo no podré ocupar el hueco de nadie, pues nadie es sustituible por nadie, y tristemente esos huecos quedarán vacíos para siempre. Actualmente mis condiciones de vida son poco menos que miserables, pero esto no importa, porque sé que esta situación cambiará pronto: Estoy bien preparado, y soy bueno en mí profesión, por lo que esto no me preocupa en absoluto. La causa real por la que mis ojos permanecían clavados al suelo, era otra muy distinta, por lo que sólo pude encaminar mis pasos hacia la primera estación de metro, y acercarme al IFEMA para poner mis brazos al servicio de los que lloran. Hice todo lo que pude: De telefonista, ayudando a los extranjeros a contactar con su embajada, lleve mantas a los que tenían frío, preparé bocadillos para los que tenían hambre, serví una infinidad de cafés para aquellos que no querían dormir, y con un caramelo que tenía en el bolsillo, arranqué una sonrisa a un niño que por un instante, me hizo sentir que las cosas son posibles. Fue una dura jornada de cerca de treinta horas. Permanecer despierto durante tanto tiempo no fue lo más duro que sufrí, tampoco las imágenes explícitas de la barbarie ilógica me derrotaron. Fueron aquellas miradas perdidas, aquel dolor en grupo, y aquel silencio sordo e inmutable que se hacía en aquella sala, que era un murmullo de cientos de voces inquietas, cada vez que entraba el hombre del megáfono en la estancia, y tras ser pronunciado un nombre, seguidamente se oía un llanto que rasgaba nuestras entrañas. Alguien había entre la gente, alguien había que no se veía, alguien que entendía aquel nombre como suyo, posiblemente su marido, hija, o hermano. Allí me encontraba yo, tan rígido, tan débil e inservible, con aquella estúpida bandeja de bocadillos en las manos, que me hacía sentir tan inútil, porque sólo podía dar aquellos bocadillos a los que allí estaban. Esto se repitió durante todo el día, y llegó la noche con el dolor calado en el alma; y volvió el día en el tanatorio sur, rodeado de las sospechas confirmadas que aún no entendían nada: De por qué ya nunca más verían a quien velaban, con el que hacía poco hablaban de cosas de futuro. Mi mente y mi cuerpo querían seguir allí, pensaba que todavía no había hecho suficiente, y aún lo creo; pero quien intentaba organizar todo aquello me ordenó que me fuera, que no podía seguir allí ni un minuto más, por lo que no tuve más opción que obedecer aquella orden imperativa, y marchar. Cuando caminaba de vuelta a mi pequeña casa, el recuerdo de lo vivido, y el ruido de los coches que rugían sus motores rompían en mi cabeza, y lloré intensamente, por no ser capaz de hacer nada más, por no poder retenerle la vida a nadie, por no poder hacer magia, y transportar a todo el mundo a un lugar protegido de todo mal. En ese momento, en el que la vista se nublaba, cuando las lágrimas cubrían las pupilas distorsionando las imágenes, imágenes que mi cerebro interpretó como agresivas. Quizás…, en el mismo instante en el que la rabia y la ira se adueñaban de mi razón, sonó enérgica la bocina de un vehículo que no pude ver, pero que detuvo mi caminar, y me apartó del mundo propio en el que estaba sumergido. Me asusté, miré al suelo, vi asfalto, entendí que estaba en medio de una carretera, justo al tiempo en el que los coches tenían paso libre, conseguí llegar a mi destino, prueba de ello es esta carta que os escribo, mientras vuelvo a llorar, aunque en esta ocasión sin ningún peligro. Han pasado ya algunos días, y de alguna forma la digestión de todo lo sucedido, me hace llegar a conclusiones, que plasmo en un papel para que no se me olviden nunca: Prometo, y no lo hago ante Dios, lo hago ante los hombres y las mujeres que me vaya encontrando por la vida, ya que ellos son mi patria. Prometo hacer lo posible para que las gentes que tenga a mi alrededor, tengan a un amigo que les ayude a levantarse cada vez que estén caídos. Prometo no tomar nunca una decisión sin escuchar antes lo que los demás tengan que decir. Prometo que nunca me dejaré llevar por la ira. Prometo luchar por llevar a buen término el proyecto más importante que tengo: El de ser feliz. Hoy más que nunca entiendo que en esta efímera vida por la que todos estamos de paso, no hay ningún otro proyecto a tener en cuenta; y si hay algún pecado capital que nos pudiera condenar, será a buen seguro el de no haber intentado ser feliz. Llevo muchas espinas arrancadas, pero hay una que me queda, una que no podré quitarme, pues sé que hay demasiados individuos que nunca han hecho nada por un desconocido, que nunca harán nada que no les reporte un buen incremento en su cuenta corriente, esta espina me da tristeza, y pena, mucha pena. Allí estaban muchas gentes, pero todas humildes. Ninguno de los que tienen facilidad para llegar despilfarrando a fin de mes, ninguno, puso sus manos para ayudar. Quizá alguno dio dinero, asegurándose que todos se enteraran de su aportación. Quizá gastó un poco de su tiempo en una oportuna foto. ¡Pero que poco saben los de ahí arriba, como estamos los de aquí abajo! No es justo que nosotros seamos siempre los que morimos, y siempre los que acudimos al grito de socorro de quien quiera que lo grite, no es justo. Pero me alegro mucho de estar entre los que entregan lo que son a los demás; incluso sabiendo que tal vez en la próxima estación me toque morir a mí. Me alegro mucho de haber estado el 11M, y estaré también el 12J, y el 27A. No por nada en especial…, sino porque he elegido ser persona, y estar y comportarme como tal. Haber comprobado que en este planeta hay un buen montón de seres humanos, me hace tener fe en el futuro, ahora sé que otro mundo es posible, que algún día seremos inteligentes, y sabremos escuchar para entendernos; así compartiremos este rincón del Universo llamado Tierra. Ese día estaremos en paz. Ojalá pudiera sonar en nuestros corazones aquel tema de Lennon, prohibido en algunos lugares, en el que imaginaba un mundo mejor; o aquel en el que nuestro Antonio Flores, prometía no volver nunca más a usar la violencia, o quizás poemas olvidados de León Felipe, o de Alberti. Todos ellos tristemente muertos, no porque sus cuerpos ya no tengan vida, sino porque hoy parece que su legado haya muerto con ellos. Con sus permisos, quisiera dedicar estos sentimientos de paz, a los verdugos: A aquellos que ordenan matar firmando en un papel, y a todos aquellos que le obedecen. No importa de que lugar sean. -Todo aquel que participa en la extinción de una vida es igualmente culpable, sea quien sea, y esté donde esté- Quiero dedicárselo a los desalmados, para que se den cuenta de lo que el tiempo hará posible, un tiempo en el que esto no se tenga que imaginar, ya que lo tendremos. Deseo de corazón, que seamos capaces de apartar del poder a los canallas que no han aprendido nada de la historia, y que están dispuestos a repetir una y otra vez, cada piedra amarga que nos daña en el camino. Arsenio Mayo, desde un rincón del horror. UN PUEBLO QUE OLVIDA, ESTÁ CONDENADO A REPETIR SU HISTORIA |
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La denuncia Texto presentado el 16 de Febrero de 2006 en los Juzgados de Plaza Castilla, Madrid Los hechos El día 9 de Marzo de 2004 sobre la 1 de la madrugada, aparqué el vehículo marca Nissan, modelo Vanette, matrícula ZA-4091-E1, en la calle Ruperto Chapi proveniente de la ciudad de Zamora (Castilla y León) El mismo día pasada la noche me acerqué hasta la oficina de la Junta Municipal de Distrito Moncloa-Aravaca, situada en la plaza de Moncloa 1, para solicitar algún tipo de ayuda. Me informaron que tenía que venir sobre las 9 de la mañana, y pedir cita con una asistente social. El 10 del mismo mes y año, acudí a la junta de distrito a la hora señalada, y solicite cita con la asistenta social. Tras aproximadamente una media hora de espera, me atendió una funcionaria que me dijo que no me conocía, y que nada podía hacer por mí, hasta que no fuera madrileño, por lo que me facilitó la información para tramitar el empadronamiento. En la mañana del 11 del mismo mes y año presenté una solicitud de empadronamiento2 en el distrito de Moncloa-Aravaca, con domicilio en la furgoneta en la que llegué a Madrid, aparcada en la calle Ruperto Chapi, próxima al intercambiador de Moncloa. Desgraciadamente ese mismo día: El 11 de Marzo de 2004, ocurrió aquel brutal atentado que hizo estremecer Madrid; aquel mismo día sin ser aún consciente de lo ocurrido, había presentado la petición de empadronamiento en aquella ciudad que yacía herida. No sé si fue mera coincidencia, o quizá fue la vida quien lo había dispuesto de ese modo, pero sentí claramente que debía participar en su cura, así que me acerqué al IFEMA para ponerme a disposición de lo que fuera preciso. Estuve más de treinta horas seguidas poniendo cafés, ayudando a comunicar a familiares de las victimas con sus embajadas, de interprete de francés para los extranjeros que necesitaban de este servicio, repartiendo mantas, llevando comida al personal que se hallaba en la morgue improvisada allí mismo, di todo lo que pude, y me llevé un trozo de todo aquel horror que se quedará para siempre en mi mente. Allí permanecí hasta que alguien del ayuntamiento me obligó a marchar, al enterarse que superaba con creces las 30 horas de colaboración ininterrumpida. Tras un tiempo me invitaron al homenaje en honor a los voluntarios, celebrado el día 25 de Marzo en la Puerta del Sol, y la placa que desde ese día allí está expuesta, me honra, puesto que un trocito pequeño de ese mármol blanco, me pertenece. No he contado esto porque sea fuente de denuncia, sino con la idea de dejar claro cual fue la intención con la que llegué a Madrid: No para robar, no para convertirme en un parásito, sino para ser un miembro activo, válido, alguien que desea aportar su saber, y su capacidad de trabajo; por ello me es triste reconocer en el día de hoy, que he sido tratado por la administración como si fuera un ser inútil, del que no importa su vida, ni su muerte. El día 15 de Marzo de 2004, me acerqué al Departamento de Estadística del distrito en el que había realizado la instancia de empadronamiento, lugar en donde me comentaron que aún era muy pronto para saber algo. Unos días después, me dirigí a la oficina del INEM más cercana para inscribirme, oficina que se encuentra en la calle Alberto Aguilera 20. Pretendía solicitar una mínima percepción económica que me permitiera subsistir, en cambio lo que me encontré fue algo muy distinto, ya que no sólo tuve dificultades para que se pusiera de una forma aproximada mi dirección; debido a que los ordenadores se negaban en rotundo a aceptar en su registro, a alguien que viviera en la calle, sino que bajo ningún concepto me iban a ayudar con nada. Aparte, y puesto que no tenía el domicilio en un edificio de ladrillo, no me iban a comunicar de ningún otro modo cualquier posible empleo, ya que estas comunicaciones sólo se hacen por carta; aun así, le insistí al funcionario que se diera cuenta de la situación, que vivía en una furgoneta, no porque me diera la gana, sino porque es lo único que tengo; que por favor..., que me avisaran de las entrevistas de trabajo por teléfono. La negación más absoluta fue la respuesta: “He dicho que no. Esas comunicaciones se hacen por carta y no de ninguna otra forma. Si quieres vienes todos los días y miras el tablón de anuncios” Salí de aquel edificio erigido a la intolerancia con indignación, y eso que aún no sabía bien lo que me esperaba. El 2 de Abril de 2004, vuelvo al Departamento de Estadística para interesarme cómo va la tramitación del empadronamiento, por si hubiera algún tipo de problema. Me dicen que este trámite suele tardar tiempo, que espere, que cuando sea ya me llamarán. Acompañando la larga espera, llegó el verano con toda su fuerza; hecho que me obligó a buscar una sombra para mi casa de chapa, ya que la temperatura que adquiría la furgoneta al sol era muy elevada, y se hacía insufrible permanecer en su interior, y dado que aún no estaban formalizados los papeles como vecino de Madrid, me trasladé el 12 de Junio de 2004 a la Avenida Séneca, a la altura del número 4; un lugar que poseía sombra prácticamente todo el día, y donde he estado invariablemente hasta el día 6 de Enero de 2006. El 14 de Junio del mismo año regresé nuevamente al Departamento de Estadística de la Junta de Distrito de Moncloa-Aravaca, para quejarme del tiempo transcurrido; un tiempo que resultaba excesivo, para un trámite relativamente tan sencillo, y que no suponía ninguna acción compleja; tan sólo un Policía Municipal, debía presentarse en el lugar que figura en el impreso de solicitud, comprobar la veracidad de mi residencia, y levantar el acta pertinente; realmente algo sencillo. Pese a mi insistencia el mencionado departamento ponía grandes dificultades, aludiendo que el empadronamiento en estas circunstancias se realiza más despacio. ¡¿Más despacio?! No entiendo la razón ¿Por qué? ¿Cuál puede ser la causa, por la que se tiene que tratar con más lentitud a un pobre que vive en una furgoneta, que a cualquier otra persona que vive en un edificio? No lo entiendo. ¿Por qué? Antes de dar por terminada la visita, le comento a la funcionaria el cambio que había realizado, y sus causas. Ella me dice que tengo que presentar una nueva instancia que refleje lo que le había contado, y que añadiera en alguna parte la urgencia del trámite, a la vez debía adjuntar una copia de la primera petición. De este modo, el 16 de Junio de 2004 presenté el impreso3 en registro municipal, tal y como me dijo la funcionaria que hiciera. El 21 de Junio del mismo mes y año, entré nuevamente en el dichoso Departamento de Estadística, para interesarme por el transcurso de aquel trámite tan complejo; la respuesta: Nada, aún no sabe nada. El 24 del mismo mes y año, mismo lugar visitado, misma pregunta por mi parte, misma respuesta por la suya. El 29 del mismo mes y año, mismo lugar, misma pregunta, misma respuesta. El 2 de Junio de 2004, en torno a las 9 de la mañana, alguien golpeaba insistentemente a la puerta trasera que da a la acera. Me asomé a la ventana y vi a un Policía Municipal que tenía una libreta en la mano, y que me hacia señas para que saliera. Abrí la puerta y le entregué el D.N.I.; él por su parte tomó las notas pertinentes, a la vez que mostraba un total desprecio hacia mi persona; yo por la mía guardé la compostura, y aludí a mis derechos fundamentales que la Constitución Española salvaguardan. El policía resolvió diciendo: “Ya ya, ya conozco esos rollos” Mi pronta respuesta fue: “Esos rollos son mis derechos” El policía replicó con mucha prepotencia: “Mira chaval... a mí si me dan la orden, vengo y me la llevo, y ya está” Intenté hacer comprender al policía para que recapacitara, que no podía llevarse mi casa; a lo que me respondió “Ya veo que con usted no se puede hablar” Tras lo dicho se marchó sin más, se introdujo en el vehículo policial, y me dejó preocupado por aquella amenaza firme de llevarse mi casa, quizá, algo que haría sólo por divertimento. El 5 de Julio de 2004, acudí a los Juzgados de Plaza de Castilla, y solicité una entrevista con un abogado de oficio, el cual me dijo que allí no tenía nada que hacer, que en todo caso debía acudir a la vía Administrativa. El 7 de Junio del mismo mes y año, entré en los juzgados que están situados en la Calle General Castaños 1. La abogada de oficio que me atendió me indica en tono tedioso, tal y como supongo se lo habría dicho ya a unos cuantos cientos de incautos, que hubiesen caído en sus manos: “Eso de la vivienda digna y del empleo digno, es algo que la Constitución Española dice..., a lo que tienes derecho, pero en ninguna parte dice que te lo tengan que dar” Ante lo que le respondí “Cierto. Pero lo que no dice esa constitución en ningún lugar, es que el Ministerio de Defensa pueda, ni tenga derecho a comprar tanques, aun así, el Gobierno de España encuentra dinero para comprarlos. Lo que sí dice, y lo dice de forma clara: Que todo español tiene derecho a una vivienda digna, y a un trabajo igualmente digno, eso sí lo dice” No importó nada de lo expuesto, aquella abogada de oficio se había aprendido el manual que le habían dado de memoria, y cualquier diálogo o razonamiento, escapaba a sus posibilidades de entendimiento. Ante mi determinación irrevocable a presentar una denuncia, me facilitó breve información para realizar algunos trámites, pero era algo que tenía que hacer por mi cuenta, ya que ella no se iba a involucrar en absoluto, en algo que catalogaba de ridículo. Qué lo que podía hacer era mover la furgoneta de aquí para allá, y hacer lo que todo el mundo hace. Aún hoy no sé que me quiso decir con aquello de: Lo que todo el mundo hace, no lo sé; quizá se refería a que debía tragar como todo el mundo, o quizá aquello de que cada uno aguante su palo. No sé, de lo que sí me di cuenta con total claridad, es que no tenía derecho real a la asistencia legal, que fuera lo que quiera que ocurriera, sería algo que me tenía que tragar yo sólo. El día 8 de Julio de 2004, se hace efectivo el empadronamiento4,5 en Madrid en la dirección: Avenida Séneca frente al 4, con el número de inscripción: 2004046834, en la sección 033, o según lo que obliga el programa informático del departamento de padrón: Avenida Séneca 4 Bj. No recuerdo bien la fecha, pero sería aproximadamente a finales de Julio o quizá a principios de Agosto, solicité por segunda vez, una entrevista con una asistente social en el distrito de Moncloa-Aravaca, dado que ya estaba empadronado legalmente en la Avenida Séneca; de este modo, quería iniciar los trámites que fueran pertinentes para percibir una ayuda económica. Quedé completamente atónito, perplejo, sin recursos, ni palabras para ser pronunciadas; después de todo lo hecho, escuché a aquella señora decirme que no podía darme ningún tipo de ayuda, ni tan siquiera tramitarla, ya que hasta que no lleve un año en el municipio, no tengo derecho a nada. Impresionante. Ante esta negativa municipal, le pregunté a qué otra institución podía acudir en busca de ayuda; tan sólo me dio la dirección de unos albergues, e instituciones religiosas a las que podía ir a mendigar, algo que me resultó, me resulta, y me resultará siempre altamente intolerable, ya que yo no le he pagado impuestos, ni jamás se los pagaré a la iglesia, los impuestos son asunto del estado, él es el me obliga a pagar cuando tengo ingresos, de ahí que se llamen impuestos, por ello él es el que siempre debe y tiene que resolver. Obviamente, tampoco podía pedir ningún tipo de ayuda, a ninguna institución del lugar de donde vine, ya que allí ya no estaba empadronado, la negativa sería clara y razonable. Por otra parte aquella asistente social se quedó con mi currículum, y me dijo que intentaría mirar algo; no sé si miró algo, lo cierto es que nunca me llamó para nada, ni siquiera cuando el invierno del 2005 llegó gélido, nunca recibí una simple llamada para... quizá ofrecerme unas mantas, nada, el silencio más sordo, que nunca jamás haya imaginado que pudiera existir. En el referéndum realizado el 20 de Febrero de 2005, para la consulta sobre la Constitución Europea, voté como habitante de Madrid censado6 en la dirección y condiciones en las que me empadroné, en el departamento 09 Moncloa-Aravaca, sección 033, en el colegio electoral: Colegio Nuestra Señora del Buen Consejo, en la calle Juan Montalvo, 30. En ocasiones algunos policías, principalmente municipales, se acercaban a comprobar aquel vehículo, que tanto tiempo había estado aparcado en el mismo lugar, sin haberse movido ni un centímetro. En la mayor parte de las ocasiones los policías se mostraban arrogantes, despreciando por completo mi persona, y riéndose de mis extremas condiciones de vida, algo que me humillaba en extremo, y que parecía que era divertimento de aquellos personajes de azul, a los que me revienta tener que referirme a ellos como policías, ya que estoy seguro que algún otro apelativo les sería mucho mas apropiado, apelativo que dejo elegir a cada cual. Aunque también he de decir que algunos de los que se acercaron a inspeccionar el lugar, -Por parecerles sospechoso- en cuanto se daban cuenta que alguien habitaba allí, se disculpaban y se retiraban; pero de todos modos tenía que abrir obligado la puerta de mi casa, para que comprobaran una vez más, que allí es donde en verdad vivía, consolidando de este modo una humillación de carácter constante, y que tenía que tragarme cada ocasión que un policía nuevo pasaba por allí. Con fecha 10 de Octubre de 2005, y número 131/2005/06459, se tramita una Notificación de Inicio de Expediente sobre Abandono de Vehículo7,8, en el que se solicita la presentación de ciertos documentos que acrediten que el vehículo está en circulación. La notificación fue recibida a finales de Octubre por mi madre, en la dirección de Zamora en la que antes vivía. El día 3 de Noviembre de 2005, acudí a la Dirección General de Calidad y Evaluación Ambiental del Ayuntamiento de Madrid, en la calle Bustamante 16, con la documentación que acreditaba que esa furgoneta había dejado de ser un vehículo, y que no circulaba por ningún sitio, que aquello era mi domicilio, y en donde el propio ayuntamiento me habían empadronado. Me dijeron que aquello era irregular y tenía que rellenar una instancia en la que reflejara esta situación. Le pregunté que si me iban a contestar, a lo que la funcionaria respondió: “Nosotros siempre contestamos” tras esta conversación realice el mismo día esa Instancia General9. A finales de Noviembre, después de una espera de más de un mes desde la petición, me recibió otra asistenta social, en un centro que está situado en la calle Antonio Machado 22. Le comuniqué el problema que tenía con el expediente que el Ayuntamiento de Madrid había iniciado, su respuesta fue clara y rápida: “Según mi experiencia te la llevarán” a lo que le repliqué “¿Entonces que se puede hacer?” Ella contestó: “No sé. Yo ahí no puedo hacer nada” Me encontraba nuevamente ante un muro, ante algo inexorable que no tenía solución: La maquinaria estatal había iniciado el movimiento, y ciega de poder insensible, avanzaba como apisonadota en marcha que carece de conductor. La segunda cuestión que le expuse, se refería a la percepción de algún tipo de ayuda económica, puesto que hacía ya más de un año que estaba en Madrid, sin ningún tipo de atención, y al menos ahora tengo derecho a solicitar esa esquiva ayuda. El 5 de Diciembre de 2005, presenté toda la documentación que requería aquel trámite, aunque de aquello no tengo ninguna prueba, puesto que no me dieron ningún tipo de duplicado, debido a que quien me atendió en aquella instalación municipal, dijo que no hacía falta. Lo cierto es que aquella funcionaria no tenía ni idea de que se traía entre manos, posiblemente dejaron puesta allí, -Dadas las fiestas- a la persona con menos luces de todo el personal. Lo que sí me resultaba completamente evidente; es que aquel lugar debía su existencia a la obligación legal, y no a la utilidad pública. El 4 de Enero de 2006 sobre las 11 de la mañana, llegó un camión equipado con una pluma de carga, para retirar el vehículo que figuraba en su hoja de ruta, por lo que se detuvo en el lugar que indicaba la orden. Se dispuso a realizar el trabajo, trabajo que detuvo al darse cuenta que había alguien en su interior; por lo que llamó con intensidad a la puerta trasera que daba a la calzada, como consecuencia de ello, me asomé a la ventana un tanto asustado. En voz suficientemente alta para que le entendiera desde el exterior, me inquirió: “Sal de ahí que me la voy a llevar” Abrí la puerta, y tras dialogar con el funcionario entendió que no se la podía llevar, -A parte porque en ningún momento salí de su interior- Me comentó que daría parte de lo ocurrido, y que en unos días vendría la Policía Municipal, para llevársela de todos modos. Nuevamente aludí a mis derechos fundamentales, a mi derecho a una vivienda digna; y en este caso, y para finalizar el encuentro con este señor, me respondió con un gesto de: Esto es lo que hay; acompañado del silencio más oportuno. El 5 de Enero de 2006 sobre las 11:30, me presenté en la Comisaría de Policía Nacional situada en la calle Rey Francisco, con la intención de denunciar al Ayuntamiento de Madrid, por abuso de poder; y sobre todo para conseguir una suspensión cautelar, de aquella amenaza de desahucio, que algún funcionario fuera de sus competencias había ordenado. Una vez relatado los hechos, y mostrada la documentación que aportaba a la denuncia, los policías del registro me aconsejaron que fuera al Juez de Guardia, ya que dada la situación, él sería el que podría actuar con la dirigencia necesaria. El mismo día, pasada la 1 del mediodía, entré en el Juzgado de Guardia de la Plaza de Castilla, para realizar la denuncia ante el mencionado juez. Me atendió una señorita muy desorientada, que tras escucharme brevemente se dirigió a un señor, al que vi en la distancia como negaba con la cabeza, mientras ella le exponía la situación. La señorita en cuestión regresó tímidamente a donde me encontraba yo, y me mostró una fotocopia de una instancia para que la rellenara; yo insistí que tenía que hacer la denuncia ante el Juez de Guardia, la chica viendo mi determinación irreductible, se dirigió sin decir nada nuevamente a aquel señor. Vi de la misma manera como negaba con la cabeza, incluso antes de que le diera tiempo a pronunciar la primera palabra; presionada y sin tener alternativa, aquella triste funcionaria me dio la instancia fotocopiada, tras lo que insistí nuevamente en la urgencia de mi causa, por lo que me acerqué a aquel lejano personaje al que le mostraba los documentos que llevaba, a la vez que trataba de explicar la situación. No me permitió hablar prácticamente nada, en todo momento se expresó en tono jocoso, e incluso se rió cuando le expuse que estaba empadronado en aquella furgoneta, negándose por un lado a creer el hecho, y por otro a comprobarlo. La única alternativa que me dio fue rellenar aquella instancia fotocopiada, instancia que dejé suavemente sobre la mesa, en la que se encontraba apoyado aquel ser irrespetuoso, a la vez que le decía: “No, para los pobres no hay justicia” Tras lo cual me retiré totalmente manchado de desprecio, al comprobar que esa frase con la que me despedía, era rigurosa y completamente cierta. El día 6 de diciembre sobre la 1 de la madrugada, recogí las calzas de la furgoneta para marcharme a otro lugar, ya que no podía permitir que la Administración Pública se llevara mi casa, y eso era algo inminente, algo que ocurriría seguro si permanecía en aquel lugar, por lo tanto sólo me quedaba huir, ya que no me daban ninguna otra opción. En alguna ocasión me encontré con alguna que otra oferta de empleo, con sueldos muy escasos, aunque al parecer completamente legales. Asunto éste sobre el que mantengo ciertas dudas; ya que si las remuneraciones ofrecidas no alcanzaban ni tan siquiera para sufragar el alquiler, del más pequeño de los estudios que posea célula de habitabilidad, dudo mucho que trabajar por un sueldo que no te permite una vivienda digna, puede razonablemente ser legal. |
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| La exposición El duro frío que cada noche hace mella en mi rostro y en mi cuerpo, por residir en el interior de mi pequeña casa de chapa, sería a buen seguro más cruel si me viera avocado a tener que pernoctar, rodeado de cartones y plásticos en un banco, o en un cajero de vete tú a saber que entidad. Mi mente desolada buscaba otra posible salida ante aquella frialdad implacable, con la que con dura mano la Administración Pública amenazaba castigar mi pobreza. Sólo conseguí encontrar una salida, la misma solución que tuvieron mis padres muchos años atrás, ahora, en el 2006, en el inicio de este nuevo milenio, yo también tenía que huir despojado de toda condición humana, en la calle, en la noche, ante el frío, y en total soledad. Dado a todo lo expuesto, dejaré de definir el lugar en donde vivo como furgoneta, o vehículo, lo definiré a partir de ahora exclusivamente como casa, y aunque es pequeña, y quizá resulte una vivienda miserable, es lo único que tengo, y ahí es donde he demostrado que habito. Todo esto constituye sin ningún lugar a dudas: Una total indefensión ante la administración; no digo que pueda o no tener razón, sólo expongo en este párrafo que si estamos en un estado de derecho, hay unas formas, y unas vías que hay que respetar, y estas son de obligatorio cumplimiento, tanto si se trata de un rico banquero, que tiene un problema con su mansión de mármol ante el ayuntamiento de turno, como si es un pobre, que vive en una cavidad de chapa de apenas 3 metros cuadrados. Hay unas formas que se tienen que respetar, se tienen que respetar sin tener en cuenta el patrimonio del ciudadano, al cual la administración decide sancionar. Tengo mis derechos, y por la presente los reclamo, ya que como ser vivo que soy, y dado que demuestro esta condición de vivo al prestar esta denuncia, se puede entender que en verdad soy un ser orgánico que posee vida, a la par demuestro que soy ser humano, no un chucho, ni un gato, ni un ave de corral, al estar empadronado como individuo humano en el Ayuntamiento de Madrid, y al encontrarme identificado con un D.N.I.10 en vigor. Al haber votado el pasado 20 de Febrero de 2005 en Madrid, demuestro también mi residencia y mi nacionalidad española; y debido a que tengo la correspondiente Tarjeta del Sistema Nacional de Salud10, ratifico también con este documento que soy un ser humano dotado de vida. Y dado que me encuentro en mis plenas facultades mentales; soy consciente de habitar en algún lugar físico de este Madrid, por lo que reclamo todos los derechos que le son dados a todas las identidades con mi misma especificidad, vivan en una mansión, vivan en una casa de chapa. Había presentado el día 3 de Noviembre de 20059, una instancia para que se cerrara el Expediente de Abandono de Vehículo, con ello deseaba que de una vez por todas, el Ayuntamiento de Madrid dejara de acosarme; pero se ordenó la ejecución de una acción, sin darme alternativa a defenderme, y sólo la suerte de encontrarme en el interior de mi casa, impidió que en esta ocasión se la llevaran. Por lo que ante esta respuesta del Ayuntamiento de Madrid, que cierra la vía administrativa municipal, tengo que acudir sin otro remedio a la vía judicial, sea cual sea el cauce de aplicación, y sea cual sea el tribunal que deba juzgar, o la posible división de delitos y faltas que deban seguir caminos distintos. No lo sé, no tengo suficientes conocimientos legales al respecto, tampoco entiendo las distantes y frías estructuras judiciales de este país. Lo que sí sé, y tengo claro, es lo que he vivido, y por ello comprendo que debo denunciar los hechos, no porque confíe en la justicia, sino porque es mi deber, y mi derecho: Denunciar lo que he sufrido, y denunciar a quien me ha infligido el daño, que no ha sido otra que la insensible Administración Pública, y algunos que la representan, para que recaigan sobre todos ellos, todas las consecuencias que sean oportunas. |
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| La denuncia Denuncio al Padrón Municipal del Ayuntamiento de Madrid, por negarse a reflejar los datos reales de mi lugar de empadronamiento, en los archivos municipales correspondientes, para que de este modo se hubieran podido evitar las visitas jocosas de la Policía Municipal. Tal y como se observa en el Volante de Inspección Patronal3, vivo en la Avenida Séneca número 4 planta baja, y eso no es cierto desde un principio, lo real es lo que refleja el acta del policía que certificó donde vivía: En una furgoneta, y no en el colegio mayor que se halla en esa dirección. No importa tal y como decían que los ordenadores no permiten que se refleje en frente de, ni en la calzada, ni en el vehículo... Ya que los ordenadores hacen exactamente aquello para lo que son programados, y los parámetros del programa informático es decidido por los mismos, que dicen que la calificación En frente de no es aceptada por los ordenadores. De este modo denuncio esta falsedad en los registros municipales, que no se ajustan a la realidad. Denuncio al Ayuntamiento y a la Comunidad de Madrid, así como al Gobierno de España, por Abandono de Funciones, ya que me han tenido completamente abandonado, sin ninguna ayuda, y han manteniendo un estado de desprecio permanente hacia mi persona. La Administración Pública no sólo está para cobrar impuestos, sino que está obligada a hacerse cargo, y a respaldar en la medida de lo posible a los ciudadanos que lo necesiten, a amparar a las personas que por una razón u otra estén es situación grave, tal y como es el caso que nos ocupa, en el que no he recibido ninguna ayuda, de ninguna forma, y en ningún momento. Denuncio al cuerpo de Policía Municipal del Ayuntamiento de Madrid, por no tener la información debida, y por no registrar las circunstancias de forma accesible, para que los funcionarios de patrulla no irrumpan de forma sistemática en la vivienda de nadie, por el simple hecho de vivir en la calle. Esta desidia permite que se agravie de forma repetida a ciudadanos, a los que se les trata por parte de este cuerpo, como a unos despojos, faltándonos al respeto y al honor. Denuncio al funcionario responsable de ordenar o tramitar mi desahucio, puesto que aun teniendo la constatación de que aquel conjunto de chapa era una vivienda, ordenó su retirada. Lo denuncio por prevaricación; ya que sabiendo que la aplicación de esa norma era injusta, la llevó a ejecución, sin ni siquiera contestar a la instancia presentada en tiempo y forma, para posibilitar de ese modo mi pertinente reclamación al nivel superior. Lo denuncio por fraude de ley, ya que aplicó una normativa municipal, que está dirigida únicamente a hacer una función de limpieza de vehículos abandonados, para limpiar la presencia de una persona. Aplicó de este modo una normativa municipal para hacer algo que no podía, o no quería hacer de otro modo, ya que lo correcto hubiera sido poner esta cuestión en manos de un juez, y si se diera el caso, en un estado de derecho sólo él es el que puede ordenar un desahucio, y por mi parte, no cabría otra opción mas que la de acatar esa orden judicial, en caso de ser firme. Denuncio al funcionario del Juzgado de Guardia, que me faltó al respeto con una actitud bochornosa, y se negó a atenderme. Lo denuncio por abandono de funciones, y por obstruir el desarrollo normal de la justicia, al impedir que viera al Juez de Guarda, negándome de este modo el derecho a la administración de justicia. Lo denuncio por ofensas al honor, por tratarme con malos modos, por mofarse de mis problemas, de tal forma que mi persona se vio agraviada. Denuncio al Gobierno de España por permitir esta triste situación. Ya que el año que transcurre entre la partida de un territorio nacional, a otro, todo español queda desamparado, sin ninguna posibilidad de ayuda, y esto constituye un grave hecho anti-constitucional. Lo denuncio también por lo irrisorio que resulta el Sueldo Mínimo Interprofesional, ya que todo aquel que percibe este sueldo mensual por trabajar a jornada completa, no le alcanza con lo percibido para alquilar una vivienda digna, no quedándole absolutamente nada, para la compra de alimentos, ropa, pagar gastos de energía eléctrica, agua, calefacción, transporte público... Por ello esto constituye un hecho anti-constitucional, que afecta al derecho a la vivienda digna que todo ciudadano en España tiene; así como al derecho a tener un trabajo digno, que obviamente se ve afectado, pues uno está obligado a seguir trabajando después de salir del trabajo, y buscar en el mes de vacaciones otro trabajo. Esto es indigno para el ser humano; a pocas entendederas que uno tenga, se dará cuenta que esto significa una estafa institucional, porque tanto trabajo no se hace para adquirir ningún tipo de lujo, ni para vivir de forma suntuosa, sino sólo y exclusivamente obligado para subsistir; hecho que sólo beneficia a un feroz comercio de mercado, tan duro y poderoso, que hace posible que las leyes se elastifiquen de forma asombrosa. Denuncio también al Gobierno de España por el engaño que supone el IPC, puesto que este índice, no refleja en absoluto el incremento del coste de la vida; es totalmente imposible que la vivienda suba en tan solo un año el 16%, y el transporte público lo haga en otro tanto, y el pan, y otros elementos de consumo superen con creces el 5%, y como resultado el IPC sólo lo haga en torno al 3%, esto es una estafa, una estafa institucional que perjudica a los más pobres, y que debe ser atajado lo antes posible. Dados los hechos, y aun estando solo y sin la asistencia de un abogado que conozca su trabajo, de forma que pudiera defenderme conforme a derecho, y en beneficio de mis intereses, firmo de todos modos en el día de hoy: 14 de Febrero de 2006, la presente denuncia en los términos expuestos anteriormente, para que surjan los efectos oportunos. |
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| La reclamación En primera instancia y de la manera más urgente posible, solicito que se anule la orden del Ayuntamiento de Madrid para la sustracción de mi casa, y que se me permita regresar al lugar de donde tuve que salir huyendo, hasta que un mandato judicial firme decida, si procede mi desahucio, o hasta que encuentre una solución habitacional más adecuada a mi condición de ser humano. Solicito que figure en todos los registros la dirección real en la que vivo, y si fuera necesario, que se reforme los programas informáticos que sean necesarios de la Administración Pública, para que se refleje de forma fiel, el lugar real en donde reside cada habitante, así como sufragué los graves daños morales ocasionados, a lo largo de todo el tiempo que me han tenido abandonado, y en los que me he tenido que tragar las gracias, risas, y bromas, de los de azul. Solicito que se le abra expediente disciplinario, y recaigan todas las consecuencias legales sobre el funcionario que ordenó mi desahucio, así como sufragué los graves daños morales ocasionados. Solicito que se le abra expediente disciplinario, y recaigan todas las consecuencias legales sobre el funcionario del Juzgado de Guardia, que se negó a atenderme con la corrección debida, a estudiar la posible denuncia, y a comprobar la documentación que aportaba; así como sufragué los graves daños morales ocasionados. Solicito que el Estado Español, independientemente de quien sea la competencia, subsane la laguna legal de un año de desamparo, que existe por tema de movilidad geográfica dentro del territorio nacional, así como que me resarza por el tiempo que he estado abandonado, y que sufragué los graves daños morales ocasionados. Solicito que el Gobierno Español incremente en lo necesario el Salario Mínimo Interprofesional, hasta que la cantidad de tal salario permita al preceptor, obtener una mínima vivienda digna, hacer frente a unos mínimos gastos de agua, gas, calefacción, electricidad, así como posibilite una alimentación adecuada, y la adquisición de ropa y otros enseres necesarios, que cubran las necesidades básicas del cuerpo. Al tiempo debe posibilitar el desarrollo de la mente y del alma, permitiendo de este modo la compra de libros y música, la asistencia al teatro y cines. Este salario mínimo debe garantizar las necesidades básicas de un ser humano, para que se realice plenamente como persona, pues sólo de este modo, se puede considerar que un trabajo sea digno, y el Estado Español se encuentra obligado por la Constitución Española, a que todo trabajo en este país tenga esta condición de dignidad. Así mismo solicito que se revise el IPC, y se analice la manipulación que el Gobierno Español ha hecho al respecto en los últimos 25 años, para que este índice se actualice todo lo que sea preciso, hasta que refleje fielmente, el incremento que ha experimentado los precios de los bienes de consumo básicos. |
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| El epílogo No consigo entender cómo puede existir un Tribunal de lo Constitucional, que permite que el Gobierno Español cifre salarios e índices tan falsos, que resulten tan descarados, y que aprietan fuertemente a los más desfavorecidos del país, haciendo con esto imposible la subsistencia. En este Madrid con los pocos más de 500 euros que suponen el salario mínimo, no se puede alquilar ninguna vivienda, y mucho menos digna, eso sin contar los gastos de agua, gas, comida, ropa, impuestos... Por consiguiente este salario atenta frontalmente contra la Constitución Española, y representa una violación grave de ella. En todo este tiempo he perdido energía, casi son ya dos años viviendo en la más absoluta de las miserias, con el conocimiento y pertinente abandono de la Administración Pública, sin cumplirse ninguno de los derechos fundamentales que se expresan en ese montón de papeles manchados de tinta, que cada 6 de diciembre los políticos celebran el nacimiento; jactándose de lo maravilloso que es ese texto, texto que hay que defender, texto que hace grande la nación, texto que permite que yo viva en esta situación, texto que consiente y ampara una dureza, que hace que me resulte difícil levantarme cada mañana, porque cada vez que me acuesto cada noche, llego a la conclusión que el día no ha merecido la pena. Tras todo lo ocurrido puedo afirmar que en España, el derecho a un trabajo digno que te permita tener una vivienda digna, no es un derecho, es un privilegio; al igual que el derecho al honor, y a ser tratado con dignidad por la Administración Pública. No importa lo que digan los papeles, las palabras pintadas son aun más mentirosas que las pronunciadas; los hechos son los que hablan con toda la claridad, y de forma transparente; por ello puedo afirmar que en este país no existen realmente los derechos fundamentales, sólo hay unos papeles que lo dicen, y eso a mi parecer no es suficiente. ¿Cómo se puede luchar contra alguien que te da la razón? Si te encuentras en lo oscuro de la noche con un maleante que se acerca a ti, blandiendo una navaja, tienes clara la situación. Pero... ¿Qué puedes hacer contra un enemigo que se presenta como amigo? ¿Qué se bebe hacer ante alguien que te ofrece la mano, pero que nunca la logras alcanzar? ¿Cómo se tiene que responder ante el un gobierno que te dice que tienes derechos inalienables, y no te los da? ¿Quizá..., quemando coches? ¡¿No?! ¿Entonces... qué me queda? |
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